Cómo pedirle a una IA que razone: cinco fórmulas que sí funcionan
«Piensa paso a paso» se ha quedado corto. Estas cinco instrucciones son concretas, se pueden copiar tal cual y cada una sirve para un tipo de problema distinto.
En el capítulo anterior vimos que un modelo de lenguaje genera texto de izquierda a derecha, un fragmento detrás de otro. De ahí sale una consecuencia práctica que mucha gente intuye pero no sabe explicar: el orden en que le pides las cosas cambia el resultado.
Si le pides «dame la respuesta y después explícamela», la explicación será una justificación de algo ya decidido. Si le pides que razone primero, el razonamiento construye la respuesta de verdad. No es un matiz: en problemas con varios pasos, la diferencia es enorme.
La regla de fondo
Escribir el razonamiento no es un adorno para que tú lo leas: es espacio de trabajo. Cada paso que el modelo escribe queda disponible para calcular el siguiente. Negarle ese espacio es pedirle que resuelva de cabeza un problema que tú harías en papel.
Las cinco fórmulas
De menos a más exigente. Puedes combinarlas.
Razonamiento antes que conclusión
Es la base de todas las demás y la que más rendimiento da por lo poco que cuesta escribirla.
Cuándo usarla: cualquier pregunta que no sea puramente factual. Si le preguntas la capital de Francia, sobra.
Cuando hay cálculo de por medio
Los pasos intermedios reducen mucho los errores aritméticos, porque cada uno queda escrito y disponible para el siguiente en lugar de tener que resolverse de una sentada.
Cuándo usarla: presupuestos, conversiones de unidades, porcentajes encadenados, proporciones de una receta, cualquier cosa con números que importen.
Obligarle a considerar alternativas
Esta es la que más cambia el resultado en decisiones. Sin ella, el asistente tiende a quedarse con la primera opción razonable que se le ocurre y a construir después los argumentos para defenderla.
Cuándo usarla: elegir entre herramientas, plantear una estrategia, decidir un enfoque técnico, redactar algo que admite varios tonos.
Sacar a la luz lo que está dando por supuesto
Aquí es donde aparecen los malentendidos. Muchas veces la respuesta es correcta y el problema está en que asumió algo de tu situación que no era cierto: tu país, tu presupuesto, tu nivel técnico, el tamaño de tu empresa.
Cuándo usarla: siempre que la respuesta dependa de tu contexto concreto y no se lo hayas contado entero.
Auditoría de su propia respuesta
Funciona sorprendentemente bien, y la razón es sencilla: cambia la tarea. Ya no está generando una respuesta, está buscando defectos. Una instrucción distinta produce texto distinto.
Cuándo usarla: como segundo paso, sobre cualquier respuesta que vayas a usar en serio. Es el equivalente a releer antes de enviar.
Por qué «piensa paso a paso» se ha quedado corto
Esa fórmula se popularizó cuando los modelos, si no se lo pedías, saltaban directamente a la respuesta. Hoy la mayoría ya desarrolla algo de razonamiento por defecto, así que añadir la frase genérica aporta poco.
Lo que sí sigue aportando es decirle qué pasos quieres: enumerar supuestos, comparar opciones, mostrar el cálculo, auditar el resultado. La diferencia entre «piensa» y «haz esto, esto y esto antes de concluir» es la misma que hay entre pedirle a alguien que se esfuerce y darle un método.
El razonamiento que lees no es una ventana a lo que ocurre dentro del modelo. Es más texto generado, y puede ser una explicación plausible construida después del hecho, no el proceso real que llevó a la conclusión.
Esto no le quita utilidad: escribir el razonamiento mejora el resultado de verdad, y a ti te permite ver dónde se torció el argumento. Pero no es una prueba de nada. Si el razonamiento parece impecable y la conclusión te chirría, hazle caso a tu intuición y verifica por tu cuenta.
Combinarlas: un ejemplo completo
Para un problema real, las fórmulas se apilan. Así quedaría una instrucción que usa la 1, la 3 y la 4 a la vez:
1. Enumera qué supuestos estás asumiendo sobre mi situación y qué datos te faltan.
2. Plantea tres enfoques posibles, con su principal ventaja y su principal inconveniente.
3. Desarrolla el razonamiento que te lleva a preferir uno.
Solo entonces dame tu recomendación, en un párrafo.
Fíjate en el orden y en la última línea. El orden garantiza que la conclusión salga del análisis y no al revés; la última línea evita que, después de todo ese despliegue, te devuelva otras dos páginas de texto.
Sigue por aquí
- Qué pasa realmente cuando pulsas enviar — el capítulo anterior, donde se explica por qué el orden importa.
- Prompts y enfoques que vale la pena conocer — el panorama general de técnicas de instrucción.
- Temario del curso — para ver qué viene en el resto del módulo 3.
Nota sobre este capítulo
Las fórmulas funcionan con cualquier asistente basado en modelos de lenguaje. Su eficacia varía según el modelo y la tarea, y la mejor manera de comprobarlo es hacer la prueba: lanza la misma pregunta con y sin la instrucción y compara.
Contenido divulgativo de carácter general. Pedirle a un asistente que razone mejora la calidad de la respuesta, pero no garantiza que sea correcta: los datos verificables —cifras, referencias, normativa— hay que comprobarlos siempre en la fuente.